sexta-feira, 8 de junho de 2012

Desde el viajero hacia la artista...

- Por Sacha Chornobroff


Vale la pena aclarar que las experiencias del siguiente relato son hechos verídicos, pero no es la realidad única: existen tantas como seres. Por tanto, dejó sentado que son conjeturas deducidas en base a una experiencia de viaje por los países de Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador, y a mi prematura función de observador. 


El continente sudamericano es un universo cultural de orígenes diversos, de países con historias comunes de sometimiento y hostigación desde los inicios hasta las dictaduras y el terrorismo de estado. Sin embargo, todavía hoy sobreviven costumbres ancestrales y valores humanos entre los habitantes, tanto en los pueblos como en las ciudades. La lengua española predomina en el continente y esto nos permite establecer un intercambio cultural bien fuerte con los vecinos latinos, además se puede comprobar que muchos de los problemas que sufren los países sureños son similares entre si. Muchos de estos quizá provengan a causa de los gobiernos autoritarios que se encargaron de deformar sociedades y destruir generaciones, y que en algunos sitios se demoraron mas tiempo en irse que en otros. 
Se puede observar también la notoria división de clases. Como en la mayoría de las ciudades, la población burguesa suele vivir en las zonas mas cotizadas de las ciudades y de fácil acceso, mientras que la clase "popular" vive en las afueras de la urbe, en los barrios mas humildes fuera del casco, y todavía mas allá los que están al margen. Una nota común de los países del Sur (e imagino que debe ser un dato mundial), es que en las ciudades la división de clases es bien marcada y siempre termina dejando mutilados que son arrastrados por el sistema mundano mas la indiferencia de la sociedad, a la desidia, al consumo de drogas o a la pereza pública. En los pueblos el fenómeno es distinto: el nivel adquisitivo entre los pueblerinos es equitativo, y todo aquel que tenga un pedazo de tierra se la rebusca para sacarle frutos y sobrevivir en base a ella. Nadie se queda sin comer porque se entiende que trabajar la tierra es una necesidad natural mas que una obligación impuesta por algo o alguien.
Por otra parte, es claro que el clima de individualismo y competencia ambiciosa que rige en las ciudades nada tiene que ver con la parsimonia que habita en los pueblos, y de ahí también su temperamento particularmente neutral y su escaso nivel de sociabilidad.
En algunos pueblos andinos de Bolivia se continúan hablando las lenguas aborígenes Aymara y Quechua, y se mantienen vivas costumbres y cánticos de la antigüedad. Para uno, que es un resultado viviente del mestizaje de un siglo atrás, resulta muy difícil introducirse dentro de este tipo de sociedades pues, habiendo llevado la difícil labor de preservar la cultura, se han aislado con rigurosas reglas de convivencia. El extraño, el "gringo" que muchas veces llaman equivocadamente a sus vecinos, debe ser muy paciente y versátil para compartir cultura con estas comunidades.
El pueblo boliviano en general es luchador y laborioso, con gran noción de los derechos humanos, y de una cultura nutrida por la historia de sus pueblos originarios, algunos que perduran vivos hasta la actualidad. Sin embargo, se produce una dicotomía grande con respecto a la pulcritud de su cultura ya que, con la llegada de los españoles y la religión católica, muchos de los pueblos y sobre todo en las ciudades, reemplazaron creencias y costumbres de sus antecesores por estas nuevas. Lo mas triste del asunto es que, además de perder gran parte de la cultura originaria, adoptaron una expresión del catolicismo antiquísima que parece no haber evolucionado en siglos, ni tener la menor ambición de hacerlo. Se siguen manifestando ideas retrogradas como el ascetismo sexual hasta el casamiento, la abolición del preservativo, y por doquier se ven supuestos mensajeros de dios profesando la religión, vendiendo el producto..
Una experiencia cómica de este síntoma se produce en Humahuaca, un pueblo del norte argentino, provincia de Jujuy. Allí, todos los mediodías a las 12 en punto la gente se reúne en la plaza del pueblo para ver salir al jesuita de expresión sádica y actitud tirana, que se desplaza por un riel desde el interior de un portal de la iglesia, cual reloj cucú, levantando un brazo que luego lo desciende apuntando al público, condenando a alguna víctima imaginaria. Este hecho es de los mayores atractivos turísticos del pueblo, y me permito cuestionar cuál será el mensaje que se quiere transmitir al público observador.
 La influencia de la imposición de religión cristiana se ve reflejada en muchas de las costumbres, hábitos y creencias de la sociedad latinoamericana. No existe quien no te bendiga cuando intenta regalarte un buen deseo.
 Sin embargo, los cristianos no siempre actúan de forma tan cristiana como uno supondría. Existen aquellos que ni siquiera ceden su atención a nuevas ideas, los enfermos de corazón y alma, los presos de una razón. En la ciudad de Cuzco, Perú, me ha pasado de intentar trabajar con la música, a eso me dedico, y de entrar incansablemente a restaurantes sin tener suerte para que me dejen tocar. Los encargados de los restaurantes se encargaban de despedirme mucho antes de darme la bienvenida, y si por puta conseguía tocar, no faltaba el maleducado que a la hora de responder al pedido de colaboración bajara la mirada de forma esquiva, con el ceño fruncido y los labios pegados como con pegamento, haciendo ruidos horrorosos con la boca. Era siempre asqueroso, pero optaba por obligarlos a responder bajo la custodia de mi compadrito, que era otro cabrón como yo.
 En las ciudades turísticas generalmente se le brindaba mas espacio, o total espacio, a los turistas de los países nórdicos, que a los latinos que intentaban intercambiar cultura, o trabajar para comer. El mensaje que intentaba transmitir mediante la música no era digerido para todos por igual; ora por el transmisor, ora por el receptor. Así que aprendí a no esperar nada de nadie, para librar mi tarea de posibles frustraciones, y que siempre sea libre juego.
 En Bolivia recuerdo a la gente bailando con alegría y defendiendo la música con el cuerpo cuando la policía nos quería echar de los espacios de toque, mientras que en Perú rara vez recuerdo una retribución de afecto. En Ecuador sucedía que la gente parece ser cálida por condición geográfica, por ende siempre fue gratificante tocar para ellos. Sin embargo allí también tuve mis experiencias penosas, aunque creo que provenían mas de la locura que genera la ciudad que por una cuestión cultural. Iba caminando con 5 panas y una beba, oriundos de distintos países, hacia la salida del ómnibus hacia Pasaje, cucando de repente cruzamos a dos policías municipales, y por razones que solo ellos conocerán, se descontrolaron y sufrimos abuso de autoridad por parte de ellos. El hecho mas llamativo fue la violencia alevosa e imprudente con la que atentaron contra nosotros, golpeándonos con tablas y revoleando piedras. Todo eso, por el simple hecho de ser extranjeros y artistas de la calle.
 Pero, como mencionaba antes, supongo que el síntoma paranoico que existe entre los seres humanos proviene de la enfermedad que genera la ciudad. Tampoco podría explicar el funcionamiento del tránsito en Bolivia, con las minibuses que siempre están apuradas, y los taxis y colectivos que se avalanchan entre sí, prepotentes y extrañamente sincronizados. El problema igual lo termina sufriendo el peatón, que no sabe si confiar en la actitud de los choferes, que a penas si te miran para darte el paso o la extremaunción.
La timidez y la reserva que manifiesta el Boliviano, asusta y termina por molestar. Me producía sospecha que la gente no diga lo que siente o piensa. Son como pequeñas bombas de tiempo al filo de estallar.
En Perú son bastante mas charlatanes y curiosos. Cualquier desconocido te invita un trago o a pasar una tarde en su hogar. Como así también te mandan a la mierda sin avisar. Me pasó una vez de estar fumando un pucho, sentado en un banco contemplando alguna luz de la ciudad, y que un señor mayor me golpeara el cigarro de un manotazo, produciendo que inevitablemente se destruya y caiga al suelo, con la excusa de que fumar me iba a matar. Un acto benéfico de total impunidad. Pasa también que allá arriba no fuma casi nadie, de hecho el tabaco es cada vez mas caro cuanto mas se sube, y mas morbosos son los mensajes de los envoltorios.
 Poderosas panzadas contraje en el Perú. El nivel gastronómico es excepcional y es increíble lo accesible que son los platos gourmet típicos. Uno podía agasajarse con un plato de lomo salteado, un ceviche o unas papas a la huancaina por a penas unas monedas.
 Un dato relevante de estos países es lo económico que resulta vivir en ellos. Al menos si lo es para el viajero que no suele visitar hospitales ni asistir a instituciones educativas. La comida y el techo se puede cubrir comodamente. Sobre todo en Ecuador, Ecuador ama la vida.
 En general, creo que los latinos tenemos algo en común a pesar de lucir aparentemente muy distintos. Sera un gesto único y genuino, una mirada, un rastro de tierra en el corazón, un pulso vital perseverante, no lo se. Solo se que vale la pena recorrerte sin miseria, naufragar por tus alturas. Allí mismo te vi, y recordé mi pequeñez divagando sobre los cerros, dibujando nieve y escarbando las nubes.
Que alegría me genera ser el fruto de tu vientre, y que agonía si te pierdo todavía. Tu latido está presente, América querida, y esta vez se siente y el inconsciente se imagina, que un día de la vida te encontraremos bien fuerte, y al fin te veremos bien unida. 

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